martes, 15 de enero de 2013

No mudable, que no puede ni se puede cambiar.

A veces necesito volver.
Regreso a donde empezó todo. 

Cuando los cambios me superan rescato el recuerdo de un cementerio al que fui de pequeño. 
Un lugar cálido, amplio y descuidado. No hay lápidas, ni crucifijos, ni ángeles de piedra. 
Solo recuerdo un modesto claro en el bosque, una verja negra adornada con picas doradas, hojas en el suelo y un gran cielo azul. 

Puede que ni siquiera se trate de un cementerio. Pero en mi mente es siempre igual. Es un lugar tranquilo, lo recuerdo en silencio. 

Era pequeño y no consigo encontrar a mis padres en ese recuerdo, ni a nadie. Me hace pensar que jamás estuve ahí. Existe, seguro. 

Esa imagen me ayuda a pensar en mi. A pensar sobre mi. 

Un lugar en el que solo estoy yo, en el que siempre es de día. 

Con los años he ido acumulando frases, valores, canciones, libros y símbolos que he asociado a la imagen que tengo de mi mismo. Cambiando un poco cada día.

Algunos de ellos, inmutables.

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