viernes, 27 de junio de 2014

De cuando una campana me sostuvo la mirada


-La diferencia entre nosotros es que sólo yo decido cuando la solemnidad procede. Empecé a fumar para parecerme a mi abuela. Desde pequeño me fascinaron aquellas manos huesudas y extrañamente alargadas, vestidas con anillos holgados, cubiertas de manchas café y venas zigzagueantes. Aquellas manos tenían poder. Mi abuela era una mezcla de autoridad y cariño. Ja, hoy puedo decir que en algo me parezco.

La diferencia entre nosotros es que sólo yo decido cuando la dignidad procede. Porque yo miro por la venta para hacer amanecer. De hecho, nadie respira como yo respiro. Ni mira como yo miro. Y sobre todo, nadie siente el frío como yo.

La diferencia entre nosotros es que sólo yo decido cuando el orgullo procede. Recuerdo el día en que una campana me sostuvo la mirada. La escuché cantar sobre el cambio, sobre el tiempo. Habló de mi pueblo, de mi gente. Me advirtió que cambiaría. Que yo cambiaría. y cambió. Cambié. Era el estoicismo hecho carne. Bajo sus sedas una mole de madera y tendones hacía sonar la canción. Cantó para mi, me cantó a los ojos. Y pude escuchar.

Porque la diferencia entre tu y yo es que yo veo aquello que fue.