sábado, 31 de mayo de 2008


La luz del mediodía se colaba por la ventana, el reflejo de ésta en la pared se me antojaba molesto,  deseaba dormir durante todo el día, necesitaba dormir, olvidar, ante todo, dejar de pensar en ti.

Pero el mal ya estaba hecho, mi castigo por despertar no era otro que el de tenerte presente en mi cabeza.

Pronto vinieron los recuerdos,  primero de uno en uno, de forma ordenada, para clavarse en mí como puñales.  Primero el día en el que te conocí, ese se fue directo al corazón.

Le siguió el día en el que me atreví a charlar de cosas no tan efímeras contigo. Aquel se clavó en el estomago.

Luego el día en el que te dije que te amaba, ese fue cruel, primero al corazón, luego al estomago, y luego me arrancó la lengua.

Después de ese creí que moría, pero lo peor estaba por llegar, pues todos aquellos recuerdos eran felices, y aun quedaban todos los que me habían hecho llorar.

El primero de estos fue bueno conmigo, solo se presento ante mí durante unos segundos,

Fue cuando encontré en tu móvil el mensaje de aquella mujer, esa que te juró amor eterno.

Pero el segundo si se ensaño conmigo, sí, ese recuerdo se acerco a mí y me susurro: ella ya no te quiere, ha encontrado su amor verdadero, tú, tú solo fuiste un juguete para ella. ¿Duele ser usado y luego tirado a la basura? ¿o acaso es que creías que eso no te podía pasar a ti? Tú, que siempre aleccionabas de cómo se puede o no amar, tú, que siempre te creíste superior en el juego del amor?

Y entonces sonó el teléfono.

¿eras tú?

Mi cabeza decía que no, tu ya no me ambas, no me habías amado nunca, pero mi corazón, herido de dos puñaladas, sangrante y moribundo, decía que eras tú, debías serlo.

Pero no eras tú, solo querían venderme una línea telefónica que ya había contratado.

Murmuré “incompetentes” o algo parecido. Y colgué.

Luego desconecte el fijo, y con lagrimas en los ojos volví a la cama, quería llorarte en silencio.

Y mientras me arrastraba hasta la cama, me acorde del móvil, cambié de rumbo, hacía ese fatídico aparato que se podía atrever a perturbar mi dolor con algún tipo de esperanza.

Y entonces, el teléfono sonó.

3 comentarios:

Guri dijo...

Y bajo las mantas podía escuchar las pisadas del gato sobre el tejado, en la noche, jugando a comerse las estrellas que tiemblan aterradas ante el señor felino, hambriento de besos que escasean y sueños que una tarde de abril hicieron las maletas y se marcharon, dejando todos los cajones vacíos y el teléfono sonando, para recordar[nos, me] siempre que no eras tú el que llamabas.

"Si la suerte me abandona y ves que estoy un poco triste es que tú eres una zorra y un buitre no come alpiste" ~ ahí queda, y si te veo deprimido te pegare un capon >.<

Kurai Megami dijo...

bonito texto
supongo que siempre es más fácil seguir durmiendo... claro que al final uno acaba sin saber distinguir muy bien la triste realidad de la cruel pesadilla... en fin
esperemos que quien llamase fuese el olvido, que aunque es otra forma fácil de escaquearse, nunca está de más.

nus vemous tato
y ganbatte con lo que te keda ^^

rha dijo...

Me encanta...pero aunk duela no se puede kdar uno dormido siempre... me gusta el final...siniestro y "esperanzador"(de un modo u otro) aunk por otro lado...tambien algo deprimente...xk aunk sea ella...k le va a decir?
me guuuusta!!y repito...kiero tu creatividad!!
^^